Experiencia SERVIR+en Gijón

Gijón acogió del 10 al 23 de julio la experiencia SERVIR+ de Pastoral MAG+S en la que participó un grupo de jóvenes de 18 a 23 años. Se combinó una experiencia de servicio en los sectores más necesitados de la ciudad (discapacitados, ancianos, enfermos, gente sin hogar, niños, etc.) por las mañanas, con reflexión, oración, formación y acompañamiento para repasar desde Dios lo vivido cada día, por las tardes. Todo ello con una gran experiencia de convivencia en comunidad en el Colegio de la Inmaculada de Gijón. Os dejamos dos testimonios:

“Dar y recibir”: combinación perfecta de para aprender a servir

 23 jóvenes repartidos por la ciudad en distintos voluntariados y creo profundamente que ha sido para todos y cada uno de nosotros una lección de vida, un baño de humildad, y personalmente una oportunidad nueva para aprender a servir. Esto unido a las dinámicas de por las tardes, a los exámenes del día, al acompañamiento jesuita… donde podíamos parar a vernos también por dentro, a descubrir un poco cómo somos y cómo estamos nosotros mismos, han hecho de la experiencia un punto de inflexión importante en mi vida, de la que me llevo personas, testimonios y momentos que estoy segura me acompañarán y me harán crecer como persona alimentando lo aquí vivido todos los días.

En nuestra vida diaria, en nuestra rutina, creemos que nos falta el tiempo necesario que deberíamos dedicar a los demás, pero hay experiencias que no solo te dan la oportunidad de dedicar 15 días a los que más lo necesitan, sino que te demuestran que esto se puede llevar a la práctica en nuestro día a día. Para mí esto ha sido la experiencia de Servir+ Gijón, una combinación perfecta de dar y recibir.

Ana Sánchez de Puerta (Centro Arrupe Sevilla)

 

“Luz por todos lados y en cada instante”

A principios de julio nos juntamos un grupo de jóvenes de todas partes de España en esa ciudad donde parecía que nunca brilla el sol, Gijón. Nos esperaban quince días de servicio en albergues infantiles, comedores sociales, residencias de ancianos, centros de acogida, centros de día para personas con otras capacidades...  Esos días nublados junto con las situaciones duras, complejas y con frecuencia sobrecogedoras que estábamos a punto de conocer “amenazaban” días oscuros… Y sin embargo, la experiencia nos deparaba algo muy distinto: Luz por todos lados y en cada instante... Dios nos puso en el camino a mucha gente con LUZ propia: jesuitas, educadores, jóvenes compañeros, niños, usuarios de los distintos centros... Todos ellos tenían un cachito del Señor dentro, que se dejaba ver en su afán de superación y fuerza; en esas conversaciones, transparentes, que mostraban su realidad tal y como es; en los testimonios de personas que trataban de enseñarnos todo lo que podrían en tan sólo un par de horas...

Pero todavía recuerdo aquella primera noche, cuando nos dijeron a dónde y con quiénes compartiríamos nuestro tiempo y cualidades, como un envío a ser Luz y buscarla… ¡todas las inseguridades y miedos saltaban por dentro! ¿Y si los niños me la juegan? ¿Qué hago yo con los ancianos de la residencia? ¿Y si no entiendo lo que quieren? ¿Seguro que sirvo para esto? A ver dónde me he metido... Y nerviosos como niños en Nochebuena, fuimos a dormir sobre el suelo de un aula sobre colchonetas más o menos cómodas.

Menos mal que el día siguiente comenzaba con una oración revitalizante en la que fijábamos "el objetivo" del día, el modo de involucrarnos con las personas que nos rodean: a Su Modo, a la manera de Jesús. Así sería cada día de servicio: desde la oración y el desayuno compartido marchábamos a los centros de servicio, donde cada día era distinto. Entre actividades, salidas, juegos, conversaciones, etc. conocimos otras realidades (a veces aparentemente lejanas, pero otras sorprendentemente cercanas). Poco a poco, al darnos en cada actividad, al comprometernos en cada palabra, nos llenábamos de fuerza, de vida, de Dios.

Todos hemos sentido alguna vez ese "no sé qué", algo intenso pero que no sabemos poner en palabras, algo que nos invade, pero no sabemos ordenar o dirigir. Pues a ello dedicábamos las tardes, a “sedimentar” lo experimentado mediante testimonios, dinámicas, acompañamiento, círculos donde revivir y poner en palabras esas inquietudes, y poco a poco hacerlas nuestras.

Así, entre mañanas de servicio y tardes de sedimentar, transcurrieron estas dos semanas sin apenas darnos cuenta.  Cada día, aunque marcado por su dosis de rutina, era algo “único” y te daba la oportunidad de seguir creciendo y aprendiendo. 

 “Servir+” es una experiencia intensa que hace que se te remueva todo por dentro y que impulsa a tener un alma inquieta y con sed de cambiar lo que está en nuestras manos. Y todo ello, hace que sea complicado poner en palabras todo lo que cada uno de nosotros ha vivido.  Sin embargo, hay una palabra que hoy resulta fácil decir y cuyo valor ha adquirido un matiz especial en estas semanas: GRACIAS. Gracias a todas y cada una de las personas que me han hecho vibrar de forma tan especial y que han sido ejemplo para mí. Gracias a Dios por haber estado en vosotros y a vosotros por haber estado al servicio de Dios.

 

Elena Zunzunegui (Centro Loyola Pamplona)